La naturaleza de la ficción
Young describe la realidad como la niebla, un efecto, una percepción deformada de la realidad, una realidad que contiene estados alterados.
En las obras se observan mundos precarios, con una capa en la superficie, estética pura, que los coloca en un lugar de apariencia calma, donde subyace y genera tensión la ansiedad que provoca lo imprevisto, esa niebla que entredeja ver algunas cosas que no queremos ver.
Las capas de la memoria generan este escenario onírico, tras la superficie, tras los disfraces, tras los paréntesis. Mario Levrero decía que escribir entre paréntesis le generaba ansiedad por el temor a olvidarse de cerrarlos. En ese terreno es donde Young hace que transcurran los eventos, un territorio en movimiento, una accionar entre paréntesis difusos.
La ilusión, la fantasía y realidad confluyen, produciendo un efecto residual por donde transitan personajes inestables, frágiles, fragmentados, disfrazados, miméticos, seres que sufren la apatía de la memoria.
La obra de JY es una reflexión sobre lo que subyace, sobre lo indescifrable.
“El resultado de todo es como un collage de percepciones, elementos sobrenaturales, un contexto hiperrealista que de alguna manera emerge en ese total que se conforma en cada imagen” .
El lenguaje que utiliza, donde conviven la iconografía infantil (como los personajes disfrazados de peluche) junto a la niña protagonista, traspasa lo natural, como una ilustración de un cuento. El susurro de los árboles se percibe pero queda fuera del lenguaje de las fotos, de ahí la idea de lo sobrenatural, el lenguaje está más allá de lo verbal y de la imagen, agregándole así nuevas dimensiones a la imagen global.
Los terrenos son simbólicos y reales a la vez, JY coloca en el mismo lugar los contenidos y las formas, las ideas y la estética, las identidades, las máscaras y nos hace compartir ese tiempo y espacio entre lo aparente y lo real.
La naturaleza de la ficción, lo inenarrable, son sucesos que están en los intersticios de la memoria y la artista sabe y maneja esos códigos.


SShhh” : el efecto residualEste corto muestra a dos jóvenes que se comunican por teléfono el robo de una bicicleta. Los protagonistas aparecen sin sus remeras, marcando así la cotidianeidad del hecho; JY los coloca en un mundo privado donde la
charla es espontánea, sin crispamientos y en tiempo real. Nada de lo que sucede es fundamental, la pared blanca que encuadra a los actores tiene las mismas huellas de identificación e información que lo que está sucediendo.
Se ve esa realidad sin pátina, la fragmentación de ese mundo precario y hecho pedazos por cosas que no se nombran pero que todos conocemos, esas cosas que están tras la niebla.
La presentación de la obra en una instalación donde cada uno de los protagonistas se ve desde una proyección independiente, Young desnaturaliza así la charla y nos muestra a ambos personajes en simultáneo.
El audio (bajo la charla se escucha un demo de la banda Fiesta Animal) y el fisic du rol de los actores, marcan también la fragmentación, la juventud, nos acerca a una franja etaria con sus propios códigos de tribu.
Un escenario quieto donde la memoria disfraza las vivencias, donde los recuerdos falsos conviven con los verdaderos, una especie de sueño conciente, un borde entre la interpretación de los sueños y la interpretación de la realidad, donde los disfraces y las máscaras, se resignifican bajo una apariencia de normalidad.
“Los convencionalismos que nos protegen en ese mundo en aparente equilibrio, intento romperlos evocando elementos del imaginario infantil, un mundo de fantasía, un entorno sumamente naif que evita todo tipo de choque pero pretende un efecto residual en la memoria. ”




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It´s a vague territoryLa serie de fotografías revelan desde otro punto de vista la tensión y lo inasible.
La calma antes de la tormenta. Es una tensión parecida a la que plantea Kubrik a través del niño en The Shinning , cuando recorre los pasillos del hotel en su triciclo y lo que no se ve, se supone aterrador.
Los personajes de las fotos son una niña encantadora (que aparece en el corto Ground for Dovorce I), el paisaje neutro y a la vez natural, y el personaje adulto disfrazado. Es posible que cada uno de esos íconos sean el mismo, la autora y sus alter egos. El adulto disfrazado de las fotos es ambiguamente amenazador y naif, es un ser que evolucionó y se maneja mal.
Así vemos como la niña se proyecta o como el adulto se recuerda, en un territorio vago. Gillian Wearing dice en una entrevista, que no recuerda exactamente cuando sus padres se separaron, porque hubo un tiempo en el que su padre vivía en cualquier lado, en las casas de otras mujeres afirmando
“It’s a vague territory”. Las fotografías de JY plantean un acto reflexivo, que nos hace cómplices pero no nos da ningún dato a pesar de la destreza técnica. En esta serie todo subyace bajo la superficie de la foto e inteligentemente nos invita a pensar micro historias. La fotografía sirve para alejar la realidad temporalmente y así, como dice Susan Sontag transforma el presente en pasado. El distanciamiento alcanzado permite a su vez una elaboración de las pérdidas, revelar como en estas fotos los diferentes estadios de un personaje-niña-mono-elefante, que no es más que un personaje único, que celebra de todas formas el paso del tiempo.
Las fotografías son un modo de certificar la experiencia, también son un modo de rechazarla: al limitar la experiencia a una búsqueda de lo fotogénico, al convertir la experiencia en una imagen, un souvenir .

Ground for divorce I La niña protagonista de la exhibición aparece vestida con el uniforme, segura y confiada, en el parque de su colegio. La sensación transmitida es calma, lúdica y de ensueño, a la vez potenciada por la pátina dorada de la luz (que aparece también en las fotografías), una luz que lo tiñe todo.
Este elemento es importante a destacar porque plantea una situación que sucede o bien en el mismo momento o muy próximo a ese momento.
La niña come lentamente un chicle de frutilla de gran tamaño, gigante, apenas puede tomarlo con sus manos. No puede resistir la tentación cuando ve ese objeto, y lo muerde. ¿Hasta dónde esa niña es capaz de sostener el chicle, icono de los placeres de la infancia, comerlo en ese entorno paisajístico ideal y vacío? Paradójicamente el acto de comer el chicle muestra una liberación a través del goce que contradice el perfil que presenta la niña. El chicle es su válvula de escape, un acto lujurioso donde está puesta toda la libido.
Ese mundo aparentemente sublime de la niña en el parque bajo la luz dorada se hace añicos en la segunda parte del díptico.
“Ground for divorce II“ “La percepción de un acto doloroso, es un acto de entrega, es una acto de desintegración psíquica. Por eso somos cuidadosos en la selección y en los alcances de nuestra percepción. Ciegos porque no queremos ver porque sabemos, o creemos, que no tenemos la fuerza necesaria para cambiar todo” El personaje de la niña intenta ser adulto, pero no logra del todo comprender cómo, intenta en el proceso mimetizarse, pero se pierde y no logra del todo entender. En esta parte de la instalación, se proyecta un corto donde aparecen tres personajes en un sillón mirando hacia la nada.
Mascan el mismo chicle, ensimismados, en un acto automático y sin esperanza, un acto infantilista en el que se chorrean el jugo de la golosina en un estado de anhedonia, una falta de reactividad al estímulo placentero que implica el comer el chicle. Los personajes sufren de spleen, una apatía crónica, un desgano vital que no es necesariamente pesimista, listos para ser catapultados a los paraísos artificiales. Una alienación íntima, el sí mismo y la nada se confunden, aunque esto no los conduzca necesariamente a la inacción o falta de compromiso con la vida.
Fernando López Lage
Todas las fotos by Adri.